miércoles, 26 de abril de 2006

El carácter subversivo de Dalmiro Sáenz

I
En agosto del año pasado estuve en Pehuajó, participando de la Feria del Libro (o algo así) de esa ciudad. El invitado estrella en esa ocasión fue Dalmiro Sáenz. El escritor llegó con toda su fama de provocador a cuestas, y si bien me han contado que las mujeres de su taller literario se siguen enamorando perdidamente de él, lo cierto es que está viejito don Dalmiro. Dio su charla en un galpón con tinglado donde hacía un frío de novela sueca, con un sonido malísimo y un auditorio que si promediaba los 60 años era porque tiraban para abajo esa cifra los niños que estaban allí obligados por sus padres y no entendían en qué se habrían portado tan mal para que los castigaran así.

Así y todo, muchas abuelas se escandalizaron cuando Sáenz dijo que era bueno no estudiar, queriendo destacar las virtudes de aprender a través de las experiencias, a las que muchas veces conviene llegar libres de preconceptos y saberes librescos. Lo dijo de mil formas posibles, y ocupó todo su discurso en hablar de eso. Me dio toda la impresión de que ese día se levantó pensando en eso, y no tenía ganas de decir ninguna otra cosa.

Un rato antes lo había visto mirar en un pequeño televisor, con cara de superlativo aburrimiento, la grabación de una representación teatral de una de sus obras.

Cuando terminó con su presentación, se fue como quien se desangra.

II
Me cuenta un joven estudiante de la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata que está por empezar a colaborar con una revista de esa ciudad. Y que le pidieron que escribiera una nota sobre el Gordo Soriano. En la nota incluyó una cita de Dalmiro Sáenz, que hablaba de Soriano. Cuando la editora de la revista leyó la nota, le dijo que estaba muy bien... pero que no podía incluir una cita de don Dalmiro.

-Es por el perfil de la revista, ¿viste?

Este joven me lo contaba indignado, me preguntaba si eso es censura...

Y yo me pregunto: ¿Tantos problemas le puede causar al perfil de una revista la sola mención del nombre de Dalmiro Sáenz, ese viejito con pinta de inofensivo al que vi en Pehuajó unos meses atrás? ¿Es censura, autocensura o mera estupidez?

2 comentarios:

RAEL dijo...

"Me cuenta un joven estudiante...", "Este joven me lo contaba indignado...".

con frases como estas parece el anciano de la triste figura.

repecto a su última pregunta: es estupidez. soriano detestaría que esa revista le haga un homenaje con semejante "manual de estilo". y no es nada contra el "joven", claro está.

Anónimo dijo...

Estoy haciendo una tesis sobre Dalmiro y me interesaría -estupidez o no- poder contactarme con el "joven estudiante". Te dejo mi mail así puedo contarte mas detalles. Gracias.

Federico R. Pinedo
frp666@gmail.com